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Ayanna

Ayanna

Q: ¡Hola, Ayanna! Estás a punto de publicar un nuevo álbum.

Sí, el álbum ya está terminado. Se titula New Roots y saldrá en otoño de 2026. Parte de las grabaciones se hicieron en Mine Studio, en Tottenham; otra parte, en mi casa, y otra en la de mi batería. Para este proyecto he trabajado con un nuevo ingeniero de mezcla que tiene mucha experiencia en hip-hop y grime, porque esta vez quería que la música fuera un poco más directa, con más pegada. Hasta ahora, gran parte de mi trabajo estaba muy marcado por lo acústico, pero me atraía la idea de que un groove te golpee más directamente en el estómago. Al mismo tiempo, es una obra muy emocional: hay canciones bastante relajadas y minimalistas, pero también temas con los que se puede bailar.

Q: En tu álbum debut Road Runner, el último tema, “Unconditionally”, está dedicado a tu madre. ¿Recuerdas su reacción cuando lo escuchó por primera vez?

Bueno, ha estado en tantos de mis conciertos a lo largo de los años que ya no sé exactamente cuándo pudo escucharlo por primera vez. Pero llora cada vez que lo oye, porque sabe que es “su” canción. Tenía muchas ganas de escribir algo para ella, porque era muy joven cuando me tuvo siendo un bebé, y admiro profundamente la cantidad de oportunidades que me creó para desarrollarme como artista.
Mi madre formaba parte de un grupo de danza ghanés cuando yo tenía entre cuatro y ocho años. Hacían conciertos y espectáculos por todo el país, y ella siempre me llevaba con ella. Yo era la niña que no paraba de bailar y absorbí todos esos ritmos de África occidental, que hoy constituyen una parte fundamental de mi lenguaje musical. También fue ella quien me llevó a mis primeras clases de piano. Por eso la considero la verdadera iniciadora de todo mi viaje musical.

Q: Así que tu madre tenía también una fuerte base musical.

Le encanta la música y en la escuela tocaba el violín y el piano, así que conoce los fundamentos de la música clásica y sabe lo que implica desarrollarse en esa dirección. Pero al mismo tiempo siempre existió ese equilibrio entre la música clásica y la música de la diáposra africana, que fue una parte muy importante de lo que escuché al crecer: reggae, soul, RnB, jazz, algunos estilos latinoamericanos y, por supuesto, el grupo de danza ghanés.
Además, tenía una cinta de un grupo de góspel afroamericano llamado Sweet Honey in the Rock, que ponía constantemente. Cuando el grupo vino al Reino Unido para dar un concierto en directo, yo tenía tres años y me llevó con ella. Canté absolutamente todas las canciones, lo que probablemente resultó bastante molesto para el resto del público (risas). Pero mi madre se dio cuenta de que tenía muy buena afinación y buen oído, y pensó: “Quizá deberíamos empezar con clases de instrumento”. Ese fue el origen de mis estudios de piano.

Q: ¿Y cómo acabaste tocando el violonchelo?

Empecé con clases de piano a los tres años y medio, y a los once ya había completado la mayoría de mis exámenes y ganado varios concursos. En el instituto, básicamente ayudaba al profesor de música a enseñar nociones básicas de piano a otros alumnos, por supuesto sin cobrar nada, y a mi madre no le parecía que fuera una buena forma de emplear mi tiempo (risas). Entonces el profesor dijo: “Bueno, si vamos a hacer esto, quizá Ayanna debería aprender un segundo instrumento”. Yo tendría unos doce años y medio y me dieron una lista de instrumentos de orquesta. Mi madre no quería que tocara instrumentos de viento madera, viento metal ni percusión como la batería. El contrabajo me parecía demasiado grande, el violín demasiado pequeño, y ni siquiera sabía qué era una viola, así que quedó el violonchelo. Además, recordé que una vez mi profesora de plástica en primaria nos había tocado el violonchelo en clase, y me pareció simplemente genial.

Q: A esa edad suele formarse ya un gusto musical propio. ¿Qué escuchabas entonces?

Además de música clásica de compositores como Bach y Debussy —que eran mis favoritos entonces y lo siguen siendo— escuchaba TLC, SWV y Snoop Dogg. Mucho RnB y hip-hop. Pero también Stevie Wonder, Michael Jackson, Steely Dan, Anita Baker, Brenda Russell y otros. La música clásica era para mí también una especie de refugio. Me gustaba estar sola y practicar piano. Me encantaba el reto de tener una partitura —pongamos de Chopin— delante y concentrarme por completo en ella.

Q: Trabajas de forma muy independiente y en muchos ámbitos distintos.

Sí, doy muchos conciertos en solitario y me encargo yo misma de gran parte de las cosas, aunque también tengo apoyo. Mis editoriales (Faber Music) son estupendas, y mis agencias de contratación (Avalanche y Rub Recordings) también. Aun así, ahora estoy ampliando mi equipo para reforzar el lanzamiento del álbum en términos de marketing, promoción, giras, banda, etc.
Además de grabar, publicar y salir de gira, escribo mucha música para televisión, teatro y salas de conciertos. Es un trabajo muy solitario y hay que equilibrarlo bien, porque si no uno se agota rápidamente con tantos frentes abiertos. Disfruto mucho pudiendo desarrollar mi creatividad en tantos campos musicales distintos y estoy ampliando activamente mi portafolio en esa dirección; así que siempre hay muchas cosas en marcha que me mantienen ocupada.

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Q: Grandes nombres como Peter Gabriel y Anoushka Shankar ya te han contratado como música de gira. ¿Cómo ha influido eso en tu trabajo con tu propia banda y qué gira te ha supuesto el mayor reto hasta ahora?

Creo que he aprendido lo importante que es que cada música y cada músico tenga espacio para brillar con sus propias fortalezas. A un nivel muy práctico, la comunicación clara es fundamental, y también cuentan los pequeños detalles: la banda tiene que saber que se cuida de ella, que puede comer bien y que está claro qué ocurre y cuándo. Yo misma he tenido la suerte de alojarme en lugares preciosos durante las giras y de ver partes del mundo que quizá nunca habría conocido por mi cuenta.
En cuanto a los retos: la gira de Peter incluía una cantidad enorme de música. El espectáculo era muy largo y yo misma me metí mucha presión, porque esas canciones están profundamente arraigadas en la memoria colectiva de la historia de la música. Hay superfans cuya vida gira en torno a la obra de Peter, y por eso quería estar a la altura de la música. Con Anoushka, en cambio, al principio pensé: “¿Cómo voy a tocar todo esto?”, sobre todo porque antes no había interpretado música clásica india. Pero tras muchísimas horas de práctica, acabé sintiéndome realmente en casa en su mundo musical y me sentí increíblemente orgullosa de poder unir la música clásica occidental y la india con elegancia y un enfoque fresco.

Q: Volviendo a los grandes nombres: ¿cómo ves la fama de artistas tan consagrados?

Una cosa es observar la fama desde fuera y otra muy distinta cuando forma parte del día a día. Incluso cuando florece de manera extrema, como en el caso de Peter Gabriel, se puede llevar bien si uno está orgulloso de su trabajo y este tiene un efecto positivo en otras personas. Pero si eres famoso por motivos con los que no te sientes cómodo, imagino que debe de sentirse como vivir permanentemente a la defensiva.
Si algún día me llega mucha fama y estoy orgullosa de lo que hago y eso aporta alegría y buenas sensaciones a la gente, entonces la aceptaría sin duda (risas).

Q: Al comienzo de tu carrera colaboraste con los pioneros del drum’n’bass 4 Hero. ¿Cómo surgió eso?

La verdad es que ni siquiera lo sé con certeza, y apenas recuerdo cómo los conocí (risas). Hacia 2009 se me pudo escuchar en el tema “Give In” de su álbum Extensions. En aquel momento estaba muy activa en la escena jazzística londerense, tocaba mucho en directo y trabajaba con distintos conjuntos, entre ellos la Courtney Pine’s Afropean Warriors Band. Supongo que simplemente se corrió la voz. Después, Mark, de 4 Hero, produjo mi primer EP, Truthfully, y fue una experiencia increíble.

Q: Te posicionas muy claramente contra el racismo. ¿Has sufrido ataques de grupos de extrema derecha en redes sociales?

Por suerte no he sufrido ataques directos y masivos. El racismo lo experimento más bien a diario en forma de microagresiones, puertas cerradas y techos de cristal. Ha habido algún comentario racista en internet de vez en cuando, pero nada que se descontrolara. El comportamiento de los demás está fuera de mi control. No le digo a nadie qué está bien o mal ni lo que debería hacer; no tengo ese derecho. Simplemente comparto mis propias experiencias y las proceso. En muchos casos, eso ayuda a otras personas a sentirse vistas y comprendidas, lo cual es importante para construir comunidades más seguras.

Q: Cuando dentro de unos años mires atrás y repases tu carrera, ¿qué te gustaría ver?

En primer lugar, por supuesto, la publicación de mi segundo álbum New Roots y, ojalá, también de un tercero, que será un proyecto colaborativo: una serie de dúos con artistas y músicos a los que realmente admiro. Dentro de unos años también espero haber participado en el estreno en el Reino Unido del musical que estoy escribiendo ahora, Clara At The Door With A Revolver, haber compuesto música para varias series de televisión más y haber realizado algunas giras mundiales con mi propia banda.
Además, me gustaría asistir a varias ceremonias de graduación del Witter-Johnson Rising Star Scholarship Award, que ahora existe a través de la London Met University. Apoya a estudiantes de tecnología y producción musical con un potencial extraordinario, especialmente de entornos desfavorecidos o infrarrepresentados. Es importante para mí que, en todo lo que haga, pueda compartir mis experiencias y crear oportunidades para otras personas.

Q: ¡Muchas gracias por tu tiempo, Ayanna!

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